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La excepcional arquitectura de Le Corbusier y los refugios antiaéreos de Valencia

Cuando uno se sumerge en la historia arquitectónica de Valencia, se encuentra con verdaderas joyas que no solo reflejan un momento en el tiempo, sino que también cuentan historias. Este es el caso de La Llotja de Le Corbusier en Fira València, un espacio que el consistorio ha decidido proteger como Bien de Relevancia Local. Este reconocimiento se da junto a la preservación de 55 refugios antiaéreos dispersos por toda la ciudad.

protegeix patrimonialment la Llotja de Le Corbusier

La huella de Le Corbusier en Valencia

La historia de cómo llegó a existir La Llotja de Le Corbusier es cautivadora. Fue un encargo del Ayuntamiento de Valencia en 1964 al icónico arquitecto suizo-francés, Le Corbusier. Sin embargo, la repentina muerte del arquitecto un año después dejó la obra en manos de su taller, liderado por Guillermo Jullian de la Fuente, quien completó el diseño.

El resultado fue una nave rectangular de 36 x 72 metros, situada en Benimàmet. En sus 2.592 metros cuadrados, despliega un diseño estructurado a partir de pilares y vigas de hormigón prefabricado. Destaca su cubierta en forma de V, un diseño que se inspira en el proyecto del Hospital de Venecia, también de Le Corbusier. Las lucernarias de la nave son una repetición típica del movimiento moderno arquitectónico.

Inaugurada en 1969 y parcialmente derruida en 2000, solo un módulo doble sobrevive, ahora con el estatus de monumento de interés local. En sus planos originales se puede apreciar la maestría del taller de Le Corbusier, cuya obra está custodiada entre el Archivo Histórico Municipal de Valencia, el Archivo de Fira València y la Facultad de Arquitectura de Santiago de Chile.

Refugios antiaéreos: testigos de una época

Además de honrar la arquitectura modernista, Valencia ha dado un paso importante hacia la protección de su pasado más sombrío. Los refugios antiaéreos de la Guerra Civil son un testimonio tangible de los tiempos de conflicto que vivió la ciudad. El último acuerdo del Ayuntamiento reconoce 55 de estos refugios como Bien de Relevancia Local (BRL), ampliando su protección a espacios fuera del distrito de Ciutat Vella.

Estos refugios, que una vez ofrecieron seguridad en tiempos de bombardeo, contarán ahora con una medida de protección que asegura la preservación de su historia. La catalogación no solo cubre los espacios conocidos, sino que también incluye aquellos que puedan descubrirse en el futuro, garantizando así que el patrimonio histórico siga creciendo.

Espacios como el descubierto durante unas obras en la avenida de la Constitución, o el de la calle de Luis Oliag y el situado en el calle de Sagunto, se han sumado a la lista de protegidos. Todos ellos se consideran lugares de interés local, lo que proporciona un recordatorio de las adversidades que superaron las generaciones pasadas.

Preservación: un puente entre pasado y presente

La decisión de proteger tanto La Llotja de Le Corbusier como los refugios antiaéreos añade un doble valor al patrimonio de Valencia. Por un lado, se reconoce el impacto duradero de la arquitectura y el diseño del siglo XX, representado por la figura de Le Corbusier y su taller. Por otro, se preservan los vestigios de un periodo crucial en la historia española.

La protección de estos espacios impulsa una valoración más profunda del entorno. No solo se trata de conservar ladrillos y mortero; es sobre mantener la memoria viva para las futuras generaciones, asegurando que la historia urbana de Valencia permanezca relevante y accesible.

En resumen, Valencia ha reforzado su compromiso con su patrimonio cultural al proteger estos elementos distintivos. La riqueza de su historia arquitectónica y su resiliencia durante la guerra son temas que se destacan, permitiendo que residentes y visitantes se conecten más profundamente con la ciudad.